
En la actualidad existen una amplia gama de partidos políticos, frentes, movimientos, etc., algunos con diferentes visiones ideológicas, otros no se le conocen lo que persiguen ni que pensamientos tienen; ni pretender que ofrezcan a la sociedad programas y proyectos claros. En nuestro País existen alianzas y cruces que se unen en determinados anillos de jerarquías electorales con excesivo “personalismo” de sus candidatos, que los unen y los respaldan coincidencias, efímeras pero al fin coincidencias. Hay otros, lo que comúnmente denominamos amontonamientos, apiñamiento, rejunte etc., cuya única motivación es el ejercer el “anti” de algo; responden a su razón de ser electoral: se aglomeran para intentar disputar el poder a fulano o a mengano como unas de las motivaciones políticas más importantes, con resultados inciertos; si tienen la suerte numérica de llegar al poder, de administrar la cosa pública, esos aliados que solamente traccionan con fines electoralistas -aunque no lo digan- frente a pequeñas desavenencias o diferencias (como es lógico presuponer) terminan conduciendo al fracaso a su gobierno.



